Historia
La Universidad de Tarragona, fundada y dotada por el cardenal Gaspar Cervantes de Gaeta en 1572, obtuvo del papa Gregorio XIII el privilegio de conferir grados en 1574. Ese mismo año, y aún el siguiente, fue nuevamente dotada mediante un legado testamentario de su fundador, el arzobispo Antoni Agustí, que le había sucedido. Inauguraba los cursos académicos en el año 1577. El año de la fundación de la Universidad, el cardenal Cervantes también fundó el Seminario Tridentino, aplicándole las rentas del extinto capítulo de los canónigos de San Agustín de Escornalbou, y su vicario general, Pau Ballesteros, instaló la nueva fundación en una casa del Capítulo de la Catedral, cercana a la iglesia de Santa Tecla la Vella, en la que antes había estado la Escuela Capitular. Cinco años después, el Seminario ya contaba con edificio propio junto a la Universidad, entre la actual iglesia de San Francisco y el Hospital; edificio que fue ampliado entre 1593 y 1595 según traza de Pere Blai.
Ese año 1595 se ejecuta el testamento del canónigo Feliu Serra, que lega su biblioteca al Seminario Tridentino de Tarragona. Se trata de un lote considerable de ciento noventa y siete libros, que alternan la cultura religiosa con las humanidades clásicas, la mayoría de la segunda mitad del siglo XVI, editados en París, Amberes, Colonia, Venecia, Roma, Valencia, Salamanca, Barcelona y Lyon. Disuelta, por la expulsión decretada en 1767 por Carlos III, la Casa de Probación de los jesuitas o Noviciado General, constituido en Tarragona en 1575 en tiempos de Antoni Agustí, su colección bibliográfica fue añadida a la biblioteca del Seminario Tridentino. También se añadieron, a la muerte del arzobispo Francesc Armanyà, ocurrida en 1803, los libros de la biblioteca episcopal. Este arzobispo había reunido en Tarragona una selecta biblioteca, en la que Fèlix Amat confesaba haber encontrado la bibliografía necesaria para escribir su Tratado de la Iglesia de Jesucristo o Historia Eclesiástica. Por la correspondencia del arzobispo con el propio Fèlix Amat, sabemos de su interés en procurarse libros de primera mano, en ediciones inglesas, francesas y holandesas, que prefería a las venecianas por su corrección y exactitud. El Dr. Amadeu Soberanes ha identificado cuatrocientos cincuenta y un volúmenes con el exlibris de Armanyà y su escudo en el fondo de la actual biblioteca del Seminario de Tarragona; la mayoría encuadernados en pergamino o vitela, y el resto en cubiertas de piel, verdaderas rarezas bibliográficas hoy y obras principales en su tiempo por el valor de su contenido y la calidad de la tipografía. Las biografías del arzobispo Costa y Borràs (1857-1864) le atribuyen también un interés extraordinario en la ampliación y actualización de la biblioteca del Seminario.
El patrimonio bibliográfico anterior al siglo XX comprende trece manuscritos, once volúmenes de una Biblia Glosada de finales del siglo XIII, que se ha creído poder identificar con la Biblia legada por el arzobispo de Tarragona Joan d’Aragó al monasterio de Scala Dei, y dos volúmenes más de una Biblia Sacra de principios del XIV, también procedente de Scala Dei, ambas en pergamino, con iniciales miniadas, obra de diversos miniaturistas anónimos de talleres franceses en el caso de la Biblia Glosada, y de un artesano catalán sensible al estilo lineal franco-gótico en la Biblia Sacra, sustituido en el segundo volumen por otro influido por la miniatura italiana, más concretamente boloñesa.
El número de incunables es de diez; trescientos noventa y nueve el de los volúmenes del siglo XVI; ochocientos sesenta y siete los del siglo XVII; dos mil quinientos ochenta y dos los del siglo XVIII. Los del siglo XIX son seis mil seiscientos diecinueve. Este fondo de unos diez mil libros largos sería, más o menos, el patrimonio bibliográfico de la biblioteca nueva, situada en un espacio de 135 m², en el primer piso del claustro, a la derecha del edificio nuevo del Seminario, construido por el obispo Vilamitjana en 1875. Actualmente la biblioteca consta de unos sesenta mil volúmenes; resultado de la progresiva incorporación de legados como el del canónigo Ramon Bergadà (1949), antiguo rector de la Catedral y curioso bibliófilo, y el de su hermano Mn. Francesc; también una buena parte de la biblioteca del cardenal de Arriba y Castro, y la del canónigo Viladrich, que incluye algunos volúmenes de la biblioteca del cardenal Vidal i Barraquer. A estos legados se sumaron en el año 2000 unos trescientos volúmenes procedentes de la biblioteca de Mn. Ramon Muntanyola.
A finales de la década de 1980 se agregaron aún unos catorce mil volúmenes procedentes de la Biblioteca Antoni Agustí, entidad fundada como biblioteca circulante en octubre de 1927 por el canónigo Toldrà, gracias al alto patrocinio del cardenal Vidal i Barraquer, la buena acogida del Prefecto de Estudios y del Director del Seminario y de la Universidad Pontificia de Tarragona, y la colaboración de varios presbíteros. Su finalidad era el fomento de las ciencias sagradas, de la sana ilustración y de las buenas lecturas a través del préstamo de libros y revistas a domicilio y por correo. En 1931 ofrecía un catálogo de noventa y dos revistas y también un amplio repertorio de piezas musicales. Con el nombre de Consultorio bibliográfico por correspondencia, continuó su labor durante la Guerra Civil española con ayuda clandestina a los sacerdotes perseguidos en la zona de Levante. La Biblioteca Antoni Agustí comenzó a publicar en 1928 el Índice Crítico-Litterarius, una revista bibliográfica trimestral que recogía, en forma de fichas clasificadas alfabéticamente, los títulos de todos los artículos interesantes publicados en unas cuatrocientas revistas nacionales y extranjeras de carácter científico-religioso, así como la referencia de todos los libros reseñados en unas ochenta revistas. El índice estaba dirigido por el Dr. Ramon Sabaté, canónigo y profesor de la Universidad Pontificia de Tarragona, y contaba con la colaboración del prestigioso claretiano P. Josep Puigdessens, profesor también de la Universidad, el canónigo arcediano Dr. Ildefons Serrano, y la colaboración anónima de varios presbíteros. En 1929 la nómina de colaboradores se había ampliado con corresponsales en Barcelona, Tortosa, Valencia, Madrid, Ávila, Valladolid, Turín (Italia) y Weissenhorn (Alemania). La revista, con su aire modesto —característica bastante común de las iniciativas eclesiásticas tarraconenses—, fue la primera de su género en el ámbito de lengua española, y fue saludada como un valioso instrumento de investigación y consulta por revistas como Apollinaris de Roma, Paraula Cristiana de Barcelona, Divus Thomas de Piacenza (Italia) y la Revista Española de Estudios Bíblicos, entre otras.
La biblioteca del Seminario Pontificio de Tarragona, dada la importancia de los textos antiguos que contiene, participa en el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico existente en Cataluña y en el Estado español.
Fuente: Martí i Aixalà, J. (2002). La Biblioteca del Seminario Pontificio de Tarragona. En Germinabit. La expresión religiosa en lengua catalana en el siglo XX. Arquidiócesis de Tarragona (catálogo de la exposición, pp. 19-20). Arzobispado de Tarragona.

Biblioteca antigua y antiguo gabinete de física y ciencias naturales, años 20. Fotografías de Lucien Roisin Bernard (Paris 1884-Barcelona 1943).
